África a caballo

África a caballo

Cuando necesito calma y encontrar paz vienen a mi memoria los paisajes infinitos de la reserva Masái Mara (Kenia). Con el tiempo, te das cuenta de que un viaje así puede cambiarte la vida, como ocurre con las buenas películas o esa música que te acompaña siempre.

Hace unos años, un grupo de ocho amigos compartimos la misma ilusión: conocer África sin sentirnos turistas. No queríamos pasar horas en coche, ni esperar turno en un jeep para ver un león… Nuestro sueño era poder vivir algo tan íntimo como la noche que Denis Fitzhutton seduce a Karen Blixen bajo una lluvia de estrellas en plena sabana. O cómo cuando su avioneta acompaña el vuelo de miles de pájaros, otra de las grandes escenas del film Memorias de África.

Algo que en principio parecía imposible pudo tomar forma cuando decidimos que haríamos el viaje a caballo, y que ese sería nuestro medio de transporte durante la semana que duraría nuestro recorrido.

Aquí sentí que comenzaba la aventura; desde ese momento no volvimos a ver una carretera, un semáforo, una casa, un turista, ni una huella de civilización.

Volamos de Madrid a Nairobi donde pasamos una noche, y al día siguiente, temprano, una avioneta nos llevó desde Wilson a Mara, un vuelo de una hora donde empiezas a entender qué es África y lo que dejas atrás. Aquí sentí que comenzaba la aventura; desde ese momento no volvimos a ver una carretera, un semáforo, una casa, un turista, ni una huella de civilización.

Utópica había pensado hasta el último detalle para hacer que este viaje fuera memorable.

Una vez trasladados a nuestro camp, cada mañana despertamos muy temprano escuchando “Jambo hot water, hot water…” estas palabras nos anunciaban que las duchas estaban listas para después disfrutar de un desayuno comparable al de cualquier buffet de un hotel de cinco estrellas. Y así cada jornada de nuestro sueño africano.


Montada a la grupa, a solas con tus pensamientos y la respiración del caballo, te sumerges en las llanuras de la sabana como un animal más en libertad. Cabalgar por esas enormes extensiones salpicadas de acacias, los olores, ser seguida por un grupo de jirafas, esa galopada que no sabes a donde te lleva, pero que no quieres que termine…. La naturaleza se abre ante ti como un mar infinito que recorres sobre el caballo, sin duda el perfecto compañero de viaje

Masái Mara alberga la mayor concentración de fauna salvaje del mundo, la migración de los ñúes que nos han acompañado en tantas siestas televisivas ahora están a tu lado, los elefantes familiarizados con los caballos dejan que te acerques más de lo que esperas, los impalas saltan veloces, los avestruces te sorprenden por su inmenso tamaño y los antílopes corren sin descanso en caravana ajenos a tu presencia.

Aquí no hay tiempo para fotos, pero la sensación con cada grupo animal es tan intensa que resulta imposible pensar en otra cosa y es así como te rindes y aprendes a dejarte llevar. Este salvaje rincón de África, también es el hogar de los masai y samburu, nativos que deambulan por las llanuras con sus rebaños de ganado a tu alrededor mientras recorres a caballo este paraíso virgen.

Un día, al amanecer, con los primeros rayos de sol un globo nos recogió en la base de Governors camp en el centro de Masái Mara. Al cortar el piloto los quemadores de gas, el globo desciende suavemente hasta que roza casi las copas de los árboles que vadean el río Mara. El silencio es sobrecogedor, pero cuando baja puedes escuchar desde la cesta, los mugidos de las cebras y el fuerte olor de los facocheros. Al fondo, se alza la serranía del Rift teñida de un color violáceo.


Por arte de magia, al bajar del globo nos esperaba un espectacular brunch bajo la sombra de las acacias con champagne, huevos con salmón, zumos, diferentes panes… algo insólito y al caer la tarde recuerdo el gin tonic junto al fuego donde Gordon y Felicia Church nos contaban mil anécdotas de sus distintas aventuras vividas en África. Utópica había pensado hasta el último detalle para hacer que este viaje fuera memorable.